¿Haz tenido la suerte de conocer a alguien que marcó tu vida? ¿que apareció en el momento adecuado?.
Bueno, para mi fue un caballo, si, una bestia de cuatro patas que quería matarme y al final me salvó de «mi mismo».
Blanco, con guasa, con ese aire de te voy a poner a prueba desde el primer momento. Un cabrón con clase.
El primer día que lo monté hizo lo que le dio la gana. Se salió por donde quiso, ignoró las órdenes, se movió como si yo no estuviera encima. No era un caballo bruto ni agresivo, simplemente me dejaba claro que él no iba a obedecer a cualquiera.
No me lo puso fácil.
A veces
No se lo puse fácil.
Fue un tira y afloja. Un jodido pulso.
Y al final, aprendí a respetarlo.
Y él a respetarme.
Porque si te confiabas, si un día ibas despistado, si no lo llevabas bien, él lo sabía. Y lo aprovechaba. Te sacaba del camino, se inventaba un trote raro para tirarte, hacía cualquier mierda solo para demostrar que todavía podía joderte si le daba la gana.
Pero cuando todo encajaba, cuando íbamos en sintonía, cuando los dos decidíamos que hoy no era día de guerra, era otra historia.
Entonces sí. Entonces todo fluía.
Hasta que él decidía volver a probarme.
Porque Señorito, el cabrón, nunca debaja de chulearte.



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